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Transformación digital en Chile avanza más rápido que su infraestructura y expone riesgos operativos

El avance sostenido de la digitalización en Chile ha redefinido la forma en que operan empresas, servicios públicos y consumidores. El auge del comercio electrónico, los pagos digitales y la gestión online de trámites ha impulsado una adopción acelerada de tecnologías, consolidando un ecosistema cada vez más interconectado y dependiente de su correcto funcionamiento.

Sin embargo, este crecimiento no ha sido necesariamente acompañado por un desarrollo equivalente en infraestructura tecnológica. En los últimos días, una caída masiva de internet afectó a la Región de Aysén tras un corte de fibra óptica en Chiloé, dejando sin conectividad a usuarios y comercios durante cerca de tres horas.

Este episodio se suma a una serie de interrupciones recientes en servicios de conectividad y plataformas digitales reportadas en distintas zonas del país, que han afectado tanto a usuarios como a empresas, evidenciando la fragilidad de ciertos puntos críticos del ecosistema tecnológico.

“Chile ha avanzado rápidamente en digitalización, pero ese crecimiento no siempre ha ido de la mano con una infraestructura suficientemente robusta. Hoy el problema no es solo que existan fallas, sino que enfrentamos una dependencia estructural de sistemas que muchas veces no están preparados para operar sin interrupciones”, explica Daniel Zuleta, Founder & CEO de dParadig.

Uno de los factores más relevantes es la dependencia de infraestructura crítica, como redes de fibra óptica en rutas específicas o proveedores tecnológicos centralizados. Esta condición aumenta el riesgo de que una falla puntual se amplifique, generando efectos en cadena que pueden afectar simultáneamente a múltiples servicios, desde plataformas de pago hasta sistemas de atención al cliente.

A esto se suma una brecha territorial que se hace más evidente fuera de la Región Metropolitana, donde la menor redundancia en conectividad incrementa la exposición a caídas prolongadas. En estos contextos, pequeñas y medianas empresas resultan especialmente vulnerables, ya que muchas no cuentan con planes de contingencia ni herramientas para mitigar interrupciones.

“Las interrupciones tecnológicas ya no son solo un problema técnico. El verdadero riesgo está en la falta de visibilidad y en la capacidad de coordinar una respuesta efectiva. Hoy muchas organizaciones cuentan con monitoreo, pero no con mecanismos que les permitan correlacionar eventos y activar acciones en tiempo real antes de que el impacto llegue al negocio”, agrega Zuleta.

En un escenario donde la digitalización seguirá expandiéndose, expertos coinciden en que el desafío no es desacelerar el proceso, sino fortalecer sus bases. Esto implica avanzar en infraestructura más resiliente, diversificar proveedores, mejorar los protocolos de respuesta ante incidentes y promover una cultura organizacional orientada a la continuidad operativa.

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